lunes, 5 de octubre de 2009

Date la oportunidad.

¿Cuántas cosas no dejamos de hacer todos los días por temor, por apatía, por costumbre, por prejuicios y que se yo que más?


¿A cuántas personas no habremos ya mal juzgado y de cuántas amistades no nos habremos perdido ya? ¿Cuántas oportunidades habremos de dejar pasar antes de atrevernos? ¿De cuántos sí nos habremos perdido por miedo a tener un no? ¿Con cuántas preguntas sin respuesta nos pensamos quedar?


Cada día que pasa es una nueva oportunidad para conectar, para aprender, para crecer, para ayudar; y sin embargo cada día dejamos pasar toda posibilidad. ¿Por qué?

Pensando en todo esto no pude evitar recordar el tema de la película The bucket list. ¿La recuerdan? Esa película en la que un envejecido y enfermo Jack Nicholson encuentra accidentalmente a quien llega a ser su más grande amigo, en un también viejo y más enfermo aún Morgan Freeman, con quien escribe una lista de cosas que ambos quieren hacer antes de que las enfermedades de cada uno acaben con sus vidas: viajar al Tibet, visitar el Tajmahal y besar a la mujer más bella que hayan conocido jamás.


Mi pregunta es ¿por qué tenemos que esperar a que una situación tan grave nos suceda para decidir hacer lo que tanto hemos querido hacer?


Tal vez alguien aquí me diga “bueno Efraín, es que cuando uno ver cerca la muerte su visión de vida cambia”.

Les respondo: lo dudo, es más estoy seguro de que no a todos, no siempre, una experiencia así los hace cambiar.


Hace un par de años en un viejo post de este blog comenté que yo estoy convencido de que eso casi no sucede. Una persona cambia su actitud ante la vida cuando está convencida de hacerlo, sino simplemente no lo hace. Me consta.

Yo mismo he vivido situaciones así, personalmente y con seres queridos también, y nada de eso me hizo cambiar mis viejas formas de actuar. ¿Qué fue entonces lo que me hizo cambiar lo que no me gustaba en mí? Decisión, convicción y visión de cómo quería vivir mi vida y nada más.


Entonces quizás alguien me diga: “... es que las circunstancias en las que cada quien vive siempre pueden ser una limitante para hacer lo que queremos, pero tal vez ahora que me cambie de trabajo o me mude, o me jubile…”


Y pienso: ¿De verdad quieren esperar 1, 2, 20 o 40 años más para comenzar a vivir su vida, porque por ahora solo tenemos que trabajar?


En su libro “The 4-hour work weekTim Ferris nos habla de cómo tomó la iniciativa de integrar dos importantes conceptos – balance de vida y éxito profesional – en uno solo “Life Style Design”, con la premisa básica de que no es necesario esperar un evento que cambie nuestras vidas, ni esperar por décadas para tener el tiempo de hacer lo que queremos hacer de nuestras vidas; y comparte una serie de recomendaciones, pasos y recursos que podemos aprovechar para comenzar a actuar y vivir en la manera en la que queremos hacerlo hoy, y no cuando estemos retirados.


Más aún en su reciente libro “Trust AgentsChris Brogan y Julien Smith retoman la idea de Tim y explican como la tecnología hoy nos permite, como lo nombran ellos en su libro, crear nuestro propio juego.


Ambas lecturas son realmente valiosas y altamente recomendables y, aunque para mí han sido realmente inspiradores, hoy no pretendo convencerles de hacer un cambio tan radical tan bien como estos tres autores lo pueden hacer.


Sin embargo sí quiero plantear una premisa tan importante como las anteriores, pero quizá es más fácil de implementar desde ya: Darse la oportunidad.


Darse la oportunidad de pensar, de pedir, de preguntar, de enseñar, de compartir y de buscar; regalarse la posibilidad de hacer algo más, de viajar, de aceptar ayuda y dar, de conocer gente y no calificar. Todos los días darse una oportunidad de vivir cada día un poco más como queremos vivir.


Como dice Robin Sharma, el más largo de los viajes comienza con el primer paso y cada gran logro está formado de pequeñas victorias que conquistamos paso a paso, día con día.

Así pues ¿Qué oportunidad se piensan dar hoy?

lunes, 21 de septiembre de 2009

Directores ejecutivos.

Los ejecutivos de cuenta de hoy son los directores de mañana…

Solo que en un mercado y en un momento como en el que vivimos, esto sucede casi de manera literal.

Los cambios tan repentinos en la economía, las nuevas habilidades requeridas por la tecnología, la alta rotación en las empresas, las nuevas oportunidades y la falta de estas también, son algunos de los factores que han provocado que mucha gente que aún no ha acumulado la experiencia, conocimiento, práctica o madurez necesaria, estén hoy ocupando posiciones que hasta hace unos años, ocupaban profesionales que tenían un gran bagaje en su carrera profesional.
Y tanto organizaciones como individuos tienen su pedacito de responsabilidad.

Y el hambre se junta con las ganas de comer.

Por un lado las empresas, en su búsqueda por recortar costos, han sido capaces incluso de asignar las responsabilidades que antes pertenecían a profesionales con una amplia experiencia, un alto seniority y por supuesto grandes salarios, a jóvenes profesionales que se encuentran en los primeros años de su carrera. Y por el otro, estos jóvenes talentos, quienes crecieron en la era de lo “instantáneo” quieren que sus carreras sean así: instantáneas.

Ellos saben que, por los recursos que han tenido a la mano, tienen un amplio conocimiento sobre su especialidad laboral; conocen diferentes herramientas que pueden y saben usar para hacer más sencillo su trabajo y tienen mucha prisa por crecer, aún si es tan solo para ocupar una nueva posición que en lugar de llamarse coordinador se llame sub-gerente y pague dos pesos más.

Y así, sin darse cuenta, las empresas que aceptan y promueven esto, amanecen un día repletos de directores ejecutivos; es decir, ejecutivos de cuenta que ahora hacen, como pueden, las veces del director; y como es de suponerse la situación se convierte casi automáticamente en una bomba de tiempo para los dos. Organización y empleado se ven envueltos en una difícil situación. Clientes se quejan del trabajo y lejos de incrementar su compra, amenazan con dejar la firma; proveedores dejan de surtir debido a los pagos atrasados y los accionistas se preguntan por qué los números del trimestre no llegaron a lo esperado. La situación se convierte en crisis y la única válvula de escape para que las cosas no estallen es dejar ir a aquel director que simplemente no pudo lograrlo.

Entonces el ex director ejecutivo, ahora desgastado, agotado y desempleado tiene que buscar ubicarse en un nuevo trabajo, tal vez colocándose en el puesto original de ejecutivo, siempre esperanzado a que pronto lo vuelvan a promover.

Por eso si llegar a encontrarte en una situación similar, tómalo con calma y no quieras correr solo por correr.

Analiza bien la situación, pregúntate a ti mismo si en verdad estás preparado para asumir esa nueva posición.
No digo que le saques la vuelta, sino que de manera consciente tomes la más correcta decisión.

Respóndete con honestidad si cuentas ya con el conocimiento teórico que necesitas y qué tanta experiencia tienes al respecto. ¿Te sientes emocionalmente apto para esta nueva posición?

Analiza el impacto que en cada aspecto de tu vida un nuevo título puede tener, y cerciórate de que en realidad estás dispuesto a hacer los sacrificios de tiempo, espacio y hasta salud que esta nueva aventura te va a requerir.
Ten muy claro cuáles son las habilidades y características con las que cuentas ya y por las que la organización ha decidido darte esta nueva asignación, y de manera humilde y con los pies bien plantados en la tierra, identifica cuales son las otras capacidades que aún tendrás que desarrollar y en cuanto tiempo las podrás dominar.

No tomes una nueva posición solo porque con el título y el dinero te has dejado deslumbrar.
Da ese paso solo porque en verdad estás convencido del valor que sí puedes aportar.


domingo, 13 de septiembre de 2009

¿A que grupo pertences tú?

Los vemos con enorme frecuencia, no importa la empresa o el tipo de organización que sea, ni el nivel de jerarquía ocupado por la gente, tampoco la cantidad de ingresos o el tipo de trabajo que se realice.

Y al mismo tiempo a estos otros también los podemos ver con tanta frecuencia como a los anteriores, y para ellos tampoco importa el tipo de empresa, ni el puesto, ni su compensación.

Ambos conviven todos los días, trabajan de la mano, comparten oficina, comen juntos, algunos estudiaron lo mismo, tal vez incluso hasta en la misma institución, otros vienen de contextos totalmente contrastantes y sin embargo están ahí compartiendo a veces, más tiempo con nosotros que con su propia familia.

Unos llegan hasta a convertirse en los mejores amigos de quienes forman parte de su grupo y del otro también, los otros, difícilmente hacen amistad con alguien, incluso (o quizá, sería mejor decir, especialmente) dentro de su propio grupo.

A simple vista son los mismos profesionales que vemos todos los días en todas las empresas, pero basta con poner tan solo un poco más de atención para darse cuenta de un rasgo clave que los distingue totalmente entre sí: unos sonríen y otros no.

El primer grupo, si bien sigue en la lucha diaria y sabe que falta mucho por recorrer, está satisfecho con sus logros y contento con su trabajo; hace lo que le gusta y le gusta lo que hace.

El otro grupo, el segundo, nunca está contento. Siempre está estresado de más, jamás está satisfecho con lo que ha logrado y se encuentra sometido por sí mismo a una frenética búsqueda de crecimiento en la corporación.

Y no, lo que hace que una persona pertenezca a uno o a otro grupo, no está en el título, ni en su nivel jerárquico, mucho menos en su compensación.

En lo personal conozco casos de grandes y aparentemente “exitosos” ejecutivos que ocupan los más altos niveles en su organización y que todos los días se lamentan por su “precaria situación”, angustiándose por la cuota del mes o por lo que su jefe pensará de ellos al día siguiente; y también conozco casos de ejecutivos del mismo nivel, o incluso más alto, que disfrutan cada día de su trabajo como si fuera el primero (o el último) de su carrera.
Y también conozco gente que organizacionalmente tiene una posición más sencilla y que todos los días se queja porque en su empresa no solo valorados como se merecen; y otros que día a día agradecen estar ahí porque saben que es parte de su plan.

Así que no, el título que ostentemos nada tiene que ver con el grupo al que pertenecemos.
Incluso, en muchos de los casos, la gente brinca de un grupo a otro con cierta repetición.

Entonces ¿qué es lo que define que pertenezcas a uno o a otro grupo?

Desde mi punto de vista, quienes pertenecen al segundo grupo, el que se queja y vive enojado y estresado, no tienen un plan de carrera claramente trazado y no saben a dónde van; o mucho peor aún, son víctimas de su claramente trazado plan de carrera; lo han seguido tan al pié de la letra que han ido avanzando con paso firme y constante.
En este grupo uno empieza su desarrollo como asistente y es promovido a coordinador, después a supervisor y más adelante a gerente y con el paso del tiempo, un poco de suerte y un claro compromiso incondicional a su carrera profesional, la gente se convierte en los grandes ejecutivos que son hoy.

En el primer grupo, el que está contento y satisfecho, también se empieza trabajando como asistente, se es promovido a coordinador y después a supervisor, gerente, director y con el paso del tiempo, un poco de suerte y un claro compromiso también llegan a convertirse en los grandes ejecutivos que son.
Solo que este grupo, no está solamente comprometido con su plan de carrera y entiende que este es solo un área más dentro de algo mucho más importante: su plan de vida.

Estas personas no se están quejando porque no les va como quisieran y ante los retos y baches a los que todos nos enfrentamos, tienen claro un concepto: este es solo un paso más que hay que dar para seguir adelante hasta donde queremos llegar.

Estos sujetos no llegan a los niveles más altos de una organización pensando que son mejores que los demás o no sabiendo que hacer una vez que están ahí. Tampoco se quedan a admirar sus logros para luego caer.

Estas personas llegan a donde quieren llegar, sin importar si eso es tener la oficina más grande de la corporación, su escuela de danza, un lugar en una orquesta sinfónica o un bar en la playa; porque saben que llegar ahí es parte de su plan, no de carrera, sino de cómo ellos quieren vivir.

Y la pregunta que queda entonces es: Tú ¿A qué grupo quieres pertenecer?

lunes, 31 de agosto de 2009

7 simples pasos para llevar a tu equipo de “tener que” a “querer” trabajar contigo.

Ser la cabeza de un equipo de trabajo puede resultar ser una posición de mucha soledad, y entre mayor el título, más grande el aislamiento también.

Sin embargo cada vez que lo pienso, me convenzo aún más de que esa situación no es provocada por nadie más que por el propio titular de dicha posición y que, por esta misma razón, se puede convertir por completo si estamos auténticamente dispuestos a hacer algunos ajustes en nuestra conducta para dejar de ser directores y convertirnos en líderes:
  1. Entender que no trabajamos para quedar bien con nuestro jefe inmediato y que de la misma manera, nuestro equipo no trabaja para quedar bien con nosotros, sino que todos trabajamos para la misma organización y que, antes de buscar hacer lo popular con nuestros jefes y compañeros, tenemos que hacer lo que sabemos que es lo correcto para la compañía, para la industria a la que pertenecemos y para la sociedad en la que vivimos.
  2. Dejar de imponer, por la fuerza de la autoridad formal de un título, nuestro punto de vista sobre el de los demás , para comenzar a respetar los puntos de vista de todos quienes colaboran con nosotros; y no hacer distingos ni desaires a aquellos que no concuerdan con el nuestro. En todo caso, tendríamos que preguntarnos qué hemos hecho para convencerles de nuestra visión o incluso si nuestra visión en verdad es la correcta.
  3. Dejar la arrogancia y las poses de lado y empezar a tratar a todos con respeto y humildad. Ser la cabeza de un grupo, no te hace superior a los miembros de tu equipo, tampoco quiere decir que eres quien más sabe de todo, ni mucho menos que el resto no está a tu nivel. Por el contrario, un verdadero líder sabe que es el quien tiene que subir a la altura de sus colaboradores, rodeándose de gente talentosa y experimentada que, juntos y bien coordinados, pueden llevar a la organización a esos grandes objetivos que se ha trazado.
  4. Dejar de manejar la información y las situaciones a como convengan a tus intereses personales, para respetar los acuerdos previos y honrar las promesas de la organización, aun si no fuiste tú quien las hizo en un principio.
  5. Dejar de imponer tu manera de hacer las cosas y romper con tus paradigmas para darle espacio a la propuesta de trabajo de los miembros de tu equipo. Aprender a reconocer las fortalezas de cada miembro del equipo y entender como estas pueden ser puestas en práctica para favorecer al equipo completo, es una habilidad básica que todo líder debe desarrollar.
  6. Dejar de invadir el espacio y el tiempo personal de tu equipo con mensajes y llamadas en fin de semana, vacaciones, incapacidad médica o días personales. Pocas cosas dicen “no me importa lo que estés haciendo” como un correo electrónico en domingo en la noche pidiendo información.
  7. Dejar de manejar a tu staff desde la burbuja de tu oficina para comenzar a involucrarte de verdad con tu equipo y saber qué es lo que cada quien necesita hacer, dentro y fuera de la compañía, para cumplir con los objetivos que se han acordado

Pon en práctica estos simples ajustes y verás como la gente deja de trabajar contigo porque eres el jefe que les tocó, para comenzar a colaborar contigo porque eres el líder al que ellos decidieron seguir y apoyar.

domingo, 23 de agosto de 2009

Lo bueno, lo no tanto y lo que esperamos de los próximos Effie en México.

Esta semana tuve la oportunidad de asistir a la entrega de los premios Effie México 2009, celebrados por la Asociación Mexicana de Agencias de Publicidad (AMAP) y que durante los últimos diez años ha premiado a las más destacadas, pero sobre todo efectivas, campañas de publicidad en nuestro país.

En esta ocasión el jurado, liderado por el Presidente y Director General de Grupo Modelo, el Ing. Carlos Fernández, estuvo compuesto por 150 profesionales de la mercadotecnia, la publicidad y la comunicación en México, quienes basados en su amplia experiencia seleccionaron a las campañas ganadoras de la noche.
Y este, precisamente, sería mi primer punto en la lista de lo muy bueno que pude apreciar del evento:

  • Además de la gran convocatoria. Impresionante ver reunidos en un solo lugar a los principales realizadores de prácticamente toda la comunicación comercial que vemos todos los días en México. Directores creativos, Gerentes de Marca, Directores de cuenta y Directores de Mercadotecnia y otros tantos reunidos para conocer y, en algunos casos, recibir el reconocimiento por su esfuerzo y dedicación a estas disciplinas.

  • Por supuesto la oportunidad de ver a muchos viejos y nuevos amigos y saber que la mayoría de ellos estaban ahí pues sus campañas estaban nominadas a ganar.

  • Por otro lado, la noticias de la próxima publicación de un libro conmemorativo de los 10 años de Effie en México, que contendrá los casos que durante todo este tiempo han recibido un Effie de oro.

  • Ver como el evento cada año tiene una mejor producción y se vuelve más atractivo para todos los que vivimos de la industria de la publicidad en nuestro país.
Lo no tan bueno (que ojo, tampoco es malo, pero podría ser mejor) fueron tan solo dos cosas a mi parecer:
  • El espíritu de competencia que parece haber rebasado por mucho al de colaboración e integración de una sola industria.
    Siendo totalmente sincero me pareció un tanto raro ver como todo los asistentes se agrupaban en mesas solamente conformados por los miembros de una sola agencia y como solo aplaudían a la nominación o entrega de un premio para su propia organización, pero jamás para los demás.
    ¿Qué no estábamos todos ahí para celebrar lo mejor de las campañas de publicidad, aún cuando las más destacadas no fueran las propias?

  • De 31 premios entregados en la noche, solamente dos casos mostraron tener un fuerte componente de marketing digital, solo uno de estos ganó y ganó un plata.
    Lo cual habla del desentendimiento que sigue existiendo dentro de la industria por realmente impulsar esta disciplina, no como una emergente o una moda especial por la que tenemos que estar, sino porque es una realidad que se trata de una evolución clara en la manera de hacer comunicación.

Lo que esperamos del próximo año:

  • A decir verdad, no quisiera ver un premio especial a las mejores campañas digitales.
    Esto sería un gran error que ya muchos hemos cometido en el pasado y del que hemos aprendido.
    En su lugar, en lo personal, quisiera ver un testimonio de la integración de las campañas, ya no solo con los medios digitales tradicionales, ni con los medios sociales o los motores de búsqueda y plataformas de rich media; sino con una integración de prácticas de medición off-line con las herramientas de web analytics.

  • Una industria más integrada, más cercana, con menos ganas de ganar y más ganas de aportar.


¿Y ustedes qué esperan para los Effie del próximo año?

lunes, 10 de agosto de 2009

Atrévete a ser.

¿Y si no funciona? ¿Si se acaba el dinero? ¿Qué van a pensar los otros de mí? ¿No estaré muy viejo para eso? ¿No seré demasiado joven? ¿Qué tal si no es el lugar correcto? ¿Y si no estoy bien preparado?

Todas estas preguntas, algunos temores, uno que otro crítico, experiencias pasadas e historias de otros me vinieron a la mente mientras escuchaba a un viejo amigo quien se abría de capa para compartirme su frustración y preocupación respecto a qué camino tomar en su carrera profesional.

Y mientras pensaba yo como podría ayudarlo, recordaba la manera en que siempre ponemos toda nuestra atención en todas las razones por las que no deberíamos de dar ese importante paso para nuestra vida.
No importa si se trata de un movimiento profesional, el inicio de una relación amorosa, un cambio de casa o un proyecto de salud; típicamente nuestra atención la centramos en el por qué no tomar la decisión; y claro, no es de sorprenderse entonces que nunca vayamos adelante con nuestro tan pendiente plan.

Incluso hasta en los casos donde tenemos todo listo y todo, absolutamente todo, prueba estar a nuestro favor, de alguna extraña manera, la típica y absurda pregunta de “¿Y si me equivoco?” llega a convencernos de que no es el momento correcto para independizarnos profesionalmente, para formar un hogar, realizar ese esperado viaje o iniciarnos en ese nuevo hobby que tanto anhelamos.

Razones para dejar de hacer algo siempre sobrarán. Mantenernos en nuestra orilla del océano siempre resultará incómodamente confortable y aquel viejo dicho que va “Si no está roto no lo arregles” seguirá siendo un gran pretexto para no atrevernos a crecer.

Pero ¿Y qué si nos equivocamos? ¿Y qué si las circunstancias no eran las mejores? La realidad es que nunca lo serán. El tiempo ideal para cambiar de trabajo, abrir nuestro propio negocio, mudarnos de ciudad, etc. solamente lo podemos hacer nosotros mismos.

Las únicas personas con la capacidad de crear las mejores circunstancias posibles para dar ese anhelado paso, somos nosotros. Solo nosotros podemos decidir y actuar.

¡Apresúrate a equivocarte!

¿Temes no estar listo para dar ese paso? Prepárate.

Ten claro qué quieres de tu vida, mantén una visión clara de a dónde quieres llegar. Traza tu camino, visualiza cada paso de este, piensa en cada escalón y en los retos que puedes desde ya prever.

Si se trata de un cambio de carrera, estudia y desarrolla las habilidades y conocimientos que necesitarás; si se trata de tu independencia profesional genera y ahorra los fondos financieros que requieres en tanto continuas preparándote y aprendiendo.
Si se trata de un nuevo deporte, acondiciónate. Si se trata de un viaje, aprende lo básico de tu destino.

Prepárate y se flexible, entiende que retos y contratiempos siempre habrán.

Pregúntate a ti mismo ¿Qué es lo peor que puede pasar si me equivoco? Seguro verás que la respuesta no es tan grave como podrías imaginártelo.

¡Prepárate, se flexible y atrévete!

Porque definitivamente el más grande error que podemos cometer es dejar de hacer y no atrevernos a ser.

Nota importante.

Los comentarios, reflexiones y recomendaciones aquí plasmadas son mi opinión personal, y no necesariamente reflejan la opinión de mi empleador.