domingo, 27 de mayo de 2007

Actúa hoy como quieres ser mañana.

Dicen por ahí que “Atraemos a nosotros como imanes las cosas que deseamos en la vida”.
También dicen que “Las cosas que vivimos las creamos dos veces. Primero cuando las pensamos y después cuando las hacemos realidad.”
Incluso existe un dicho que va “Ten cuidado con lo que deseas pues se puede hacer realidad.”

y en Japón hasta tienen una forma muy discreta de maldecir a alguien cuando dicen “Que todos tus sueños se hagan realidad.”

¿Cuantas veces no han temido tanto a algo que justo eso es lo que les sucede?
O al revés ¿en cuantas ocasiones no han deseado obtener tanto algo que todo lo que les rodea, hasta los comerciales en la televisión, parece recordarles aquello que tanto quieren?

Se que para algunos puede sonar raro y hasta excéntrico pero déjenme decirles que en efecto: Aquello que pensamos y buscamos con nuestra mente, se materializa de una u otra forma en nuestras vidas.


Cada vez que queremos algo o que tememos algo estamos fabricándolo en la línea de ensamble de nuestra mente. Estamos enviando un mensaje fuerte y claro a la vida de qué es lo que deseamos y la vida, eficiente como es, nos lo da.
Por eso es indispensable cuidar muy bien lo que pensamos.

Analícenlo, cada vez que citamos a la famosa “ley de Murphy” se debe justo a que estamos pensando “solo me faltaba…” o “seguro ahora…”, etc. y claro, traemos a nosotros exactamente la situación que queríamos evadir, pero que como la pensamos tanto, nos dirigimos solitos hasta ese punto.

Ahora, véanlo desde otro punto de vista. Piensen en alguna persona que crean ustedes que siempre obtiene lo que quiere, alguien que para ustedes es una persona realmente exitosa. ¿Qué característica tiene?

Una virtud esencial que las personas realmente exitosas en la vida tienen, es que enfocan su energía siempre en crear lo que quieren. En lugar de ser tan reactivos como el resto de la gente, y andar brincando de una crisis en otra, desgastándose y maldiciendo su mala suerte, se detienen a tomar un respiro y a definir que es lo que quieren en la vida.
Se toman el tiempo de entender que es aquello que más les importa en la vida, definen claramente sus valores y los alinean con principios universales como la honestidad y la integridad; y así establecen una clara visión de su vida y con base en esta se dedican día a día a construir su mundo.
Además comprenden bien cuales son sus grandes fortalezas y habilidades y también sus debilidades y limitaciones, y en lugar de lamentarse por las últimas, se enfocan a desarrollar las primeras, siempre manteniendo su visión de vida.

Hoy cada uno de nosotros podemos liberar esta virtud que, a veces por el acondicionamiento a que somos sujetos por la sociedad desde que somos pequeños, dejamos enterrada en el rincón más escondido de nuestro ser.
Hoy podemos regalarnos el tiempo para preguntarnos:
¿Qué es lo que realmente importa en mi vida?
¿Cuáles son los valores más preciados para mí?
¿Qué se hacer muy bien?
¿Con que fortalezas puedo contribuir mejor a mi comunidad?
¿Qué quiero hacer de mi vida?
¿Cómo la quiero vivir?

Definamos que es lo que queremos de la vida de una vez por todas y pensémoslo, hagámoslo, actuémoslo y vivámoslo.

Tomemos una tarjeta en blanco que podamos traer con nosotros siempre o que podamos dejar siempre a la vista y escribamos en ella nuestra visión de vida , enfoquemos toda nuestra energía a trabajar bajo esta visión y comencemos desde ya a actuar hoy como queremos ser mañana.

domingo, 20 de mayo de 2007

Celebrando el valor de equivocarse.

Prácticamente desde que tengo memoria recuerdo la palabra equivocarse como un sinónimo de temor, de miedo a estar en una situación difícil e incómoda en la que nadie quiere estar.

La mayoría de la gente no se atreve a tomar la iniciativa en algo justo por temor a cometer un error, por miedo a que, por no lograr lo planteado, sea sometido a un regaño o a una llamada de atención, o simplemente a quedar como un tonto y ser objeto de la burla de otros.

Y es entendible siendo que la cultura en la que vivimos es una donde se castiga el error.

Piénsenlo, desde pequeños cuando íbamos al colegio ¿que hacía todo el salón de clases cuando algún compañero levantaba la mano entusiasmado y daba la respuesta incorrecta o tartamudeaba por nervio a equivocarse?

Y ese clásico “DUH” no es exclusivo del salón de clases, lo vemos en los restaurantes cuando a un garrotero que lleva una charola llena de platos sucios resbala dejando caer cuanta loza trae consigo al suelo.

De la misma manera ¿en cuantas empresas no hay supuestos líderes que tienen literalmente sometidos a sus equipo de trabajo a una dictadura y no dan libertad alguna de acción a sus subordinados para que así ellos no se equivoquen? Y cuidado si alguno sale del carril marcado pues cualquier error, por mínimo que sea será severamente castigado incluso hasta con el despido.

Es realmente triste ver como la gente ya no se atreve a hacer nada por temor a equivocarse. Ese miedo, como todos los demás, nos detiene, nos amarra como ancla al puerto de lo conocido y no nos dejar ver jamás hasta donde podríamos llegar si tan solo nos atreviéramos a dar un paso más.

Por eso yo hoy, pienso en lo importante que es celebrar las equivocaciones, o dicho de otra manera festejar a la gente que tiene el valor de cometer errores, pues se trata de personas que tomaron la iniciativa de intentar algo y de luchar.
Pues aquellos que jamás se han equivocado o son Dios o nunca han intentado hacer algo.

Equivocarse es parte del ser humano, es una parte intrínseca de nuestro desarrollo como personas, de nuestro crecimiento, de nuestro viaje por la vida.

Nadie nace sabiendo y todos, absolutamente todos, tenemos que aprender y seguir aprendiendo durante toda nuestra vida. Y cada vez que cometemos un nuevo error, no quiere decir que somos tontos, incapaces o inútiles, por el contrario, significa que estamos un paso más cerca de llegar a nuestra meta y continuar con nuestro crecimiento.


Claro, tampoco se trata de cometer el mismo error una y otra y otra vez; precisamente para eso está el sentido común.
Pero de lo que sí se trata es de aprender y crecer, de tener valor y coraje para tomar la iniciativ, de utilizar nuestro conocimiento, nuestras experiencias pasadas y nuestro sentido común para aplicarlos e intentar vencer cada reto que se nos presenta en la vida.

Y a aquellas personas que temen hacer algo o a tomar la iniciativa por miedo a ser regañados o por pavor a equivocarse yo les pregunto: ¿Se imaginan que habría pasado si cierto marino español no se hubiera equivocado cuando se atrevió a embarcarse en busca de Las Indias?
¿Pueden imaginar que habría pasado si Steve Jobs CEO y fundador de Apple Computer, hubiese hecho caso a la gente de Hewlett-Packard cuando le dijeron que no lo necesitaban y hubiera dejado a un lado su intento de desarrollar su computadora personal por miedo a equivocarse?

El cometer errores, les decía, es parte de la vida y mientras tengamos el buen juicio de aprender de ellos y no dejar que el mismo error ocurra otra y otra vez, estaremos en el camino correcto.
De hecho como dicen por ahí “Darnos cuenta de que todos cometemos errores y que estos son esenciales para nuestro crecimiento y progreso, es verdaderamente liberador”

Una práctica de la que he leído un poco sobre como aprovechar al máximo nuestros errores, es enlistar las 10 más grandes equivocaciones que pensamos que hemos cometido en nuestra vida y a un lado anotar las lecciones que aprendimos de estas e incluso los beneficios que después de estos obtuvimos,

Al hacerlo veremos que al final la balanza siempre se inclina a favor de nuestro crecimiento pues hoy no seríamos quienes somos, si no hubiésemos cometido los errores que tuvimos en el pasado.

domingo, 13 de mayo de 2007

Nunca es demasiado tarde … para hacerle caso a Morrie


“Nunca es demasiado tarde para preguntarte a ti mismo si realmente eres la persona que quieres ser, y si no, quien quieres ser”
Morrie Schwartz.

¿Planteamiento fuerte? Seguro. ¿Importante? Definitivamente.

Puede sonar exagerado y fuera de proporción, pero no es así. Simplemente se trata de echar un rápido vistazo a nuestra vida, a quienes somos, lo que hacemos y a como nos comportamos.
¿Para qué? Para asegurarnos de que vamos en el camino correcto, para que nos demos cuenta de que a pesar de lo recorrido, aún es tiempo de rectificar y buscar hacer lo que realmente amas hacer y ser una persona felíz. Después de todo para eso estamos aquí, para ser felices.

“Tanta gente va caminando sin sentido por la vida. Parecen medio dormidos, incluso cuando están haciendo aquellas cosas que creen que son importantes. Esto sucede porque están persiguiendo las cosas equivocadas”.
Morrie Schwartz

¿Conocen a alguien así o ustedes mismos se sienten así? Entonces, talvez sea el momento de hacer esta introspección y analizar si están persiguiendo las cosas realmente importantes en su vida o si simplemente están haciendo lo que su familia, sus amigos y la sociedad en general esperan de ustedes.

Uno de los sitios que frecuentemente visito en la Blogosfera es el blog de Curt Ronsengren, un consultor de desarrollo profesional creador de un sistema al que él ha llamado “Catalizador de pasión” y autor del libro “The Occupational Adventure Guide”.
En su blog, él comparte un breve test de 15 preguntas que puede ayudar de forma muy rápida a examinar como nos sentimos con respecto a nuestra carrera.

Aunque el exámen es muy sencillo, incluye algunas preguntas fuertes que en pocas ocasiones nos hacemos. Creo que las preguntas que a mi más me impactaron fueron:

¿Mi trabajo me apasiona?
¿Siento que mi trabajo importa y contribuye a la sociedad?
¿Me siento motivado para hacer el trabajo que hago?
¿El trabajo que realizo me viene de forma natural?

Preguntas que creo que uno debe hacerse a sí mismo constantemente, pues de nada sirve trabajar y esforzarse tanto, si por lo que lo estamos haciendo nada tiene que ver con lo que nuestro corazón sabe que somos.

Como dicen por ahí “No importa que tan rápido vayas, si no sabes a donde quieres llegar”

Por cierto, si quieren hacer el test completo, lo pueden hacer en:
http://www.passioncatalyst.com/quiz/careerchange.htm

domingo, 6 de mayo de 2007

Mis 10 formas favoritas de agregar valor

Cuando una persona trabaja en mercadotecnia, ventas o publicidad (como yo) se acostumbra mucho a escuchar una frase típica de cuando se están construyendo nuevos planes de ventas y mercadeo: “Démosle un valor agregado” “Permitamos que obtengan más valor por su inversión”, etc. e inmediatamente comenzamos a arrojar ideas a la mesa sobre lanzar una promoción 2x1 o si eres muy atrevido 3x2 o armar un paquete de alguna bebida alcohólica que además de la botella contenga unas “originales copas y un cubilete con dados acompañándola.”

Siempre pensamos en como sumar a nuestro producto o servicio algún objeto de relativo bajo costo que nos permita maquillar su presentación , cobrando a un precio marginal el regalo adicional.
Es decir en realidad ¡no estamos regalando nada! Estamos incluyendo en el empaque otro artículo que también estamos cobrando, solo para crear la percepción de un valor agregado.
Pero bueno lamentable o no, esa es una práctica común en el mundo comercial, donde todo se basa en cuento gasto y cuanto gano.

Afortunadamente para mi tranquilidad personal, en los últimos meses en los que me he dedicado a estudiar más sobre liderazgo y desarrollo personal, he descubierto una innumerable cantidad de libros, artículos, historias reales, sitios corporativos, blogs, etc. De gente auténticamente interesada en encontrar formas de agregar valor al mundo en el que vivimos. No de formas de hacer parecer que damos algo a cambio de cobrarlo de todas maneras, sino acciones concretas que cada uno como persona podemos realizar para mejorar las relaciones que tenemos en nuestro hogar, en el trabajo, en la calle y en nuestra comunidad. Y lo mejor de todo, ¡son acciones prácticamente todas sin costo alguno para nadie!

Algunos de los mejores libros, artículos y blogs que he leído al respecto son de mis ya muy citados gurus Robin Sharma y Stephen Covey, pero también hay una lista ENORME de personas que tocan este tema y a quienes, si les interesa, puedan consultar, como:

· Tim Sanders, consultor y conferencista en negocios, en su Blog
Sander says.
· Tim Milburn, fundador de Studentlinc, una organización dedicaca a la creación de estudiantes líderes, y escritor de un E-book titulado 103 ways to add value to people, es gratuito y lo pueden descargar en
http://studentlinc.typepad.com/studentlinc/2007/03/add_value_to_pe_4.html
·
Mitch Albom, autor de Tuedays with Morrie, The five people you meet in heaven y For one more day.
· Stu Sounders en su
The Stu-pendous blog.
· El blog de Make it Great de Phil Gerbyshak
· El Blog
Happy Rant de Curt Rosengren

Y así pueden encontrar literalmente contenido de calidad para llenar sus días y meses para aprender más sobre este concepto que TODOS debemos conocer con el corazón.

En tanto tienen oportunidad de visitar los sitios que les recomendé, quisiera compartirles mis 10 favoritas formas de agregar valor, que he estado aprendiendo, aunque muchas aún no las domino, pero lo importante es que estoy esforzándome por hacerlo y espero pronto en algún momento, con alguna de estas acciones, agregarles valor a ustedes también.

  1. Hazle un cumplido a las personas que te encuentras, durante los primeros 30 segundos de verlas, puede ser sobre algún logro, un evento o simplemente su arreglo personal, pero definitivamente a la los seres humanos nos encanta que nos hagan caso y dar un cumplido a alguien es hacerle notar que le tienes en cuenta.
  2. Apréndete y recuerda siempre los nombres de toda la gente con quien frecuentemente tienes contacto. No solo los de tus clientes, tus jefes, equipo de trabajo y amigos, sino de todas las personas con quienes tienes contacto para llegar a ellos, desde la recepcionista hasta la asistente, desde la directora general hasta el mozo de intendencia, el guardia de la entrada, el tendero de la esquina. Todos los seres humanos tenemos una característica muy curiosa, estamos muy ligados a nuestros nombres, son nuestra identidad y nos gusta saber que la gente nos conoce.
  3. Todos los días, a cada momento posible, trata de ayudar a quien lo necesite. Puede ser a una persona pidiendo ayuda para comprar un medicamento en la calle, a una señora grande a subir un producto pesado a su carrito del supermercado. No importa a quien, siempre mantén los ojos abiertos para poder ver el momento en que se necesita tu ayuda.
  4. Se agradecido con todo y con todos, con Dios, con la vida, con tu familia, con tu trabajo, tus amigos y contigo mismo. Pero importante, no digas gracias solo por decirlo, se agradecido de corazón.
  5. En ese tenor…hazle saber a la gente cuando estás agradecido con ellos y déjales ver que los valoras. Un tip que permanentemente me he encontrado con todos los autores a quien he citado es que nada dice más gracias que una nota de agradecimiento escrita en tu puño y letra. ¿No es mala idea no?
  6. Regala un detalle inesperado. No tiene que ser nada caro o elaborado ni a ninguna persona en especial. Tan solo llegar un día con un café extra para un compañero de oficina o invitar la cuenta de la comida de tus amigos sin que lo esperen, pueden se suficiente para decir
    "L os valoro y me importa dedicar algún detalle a ustedes".
  7. ¡Sonríe! Cuando saludas, cuando hablas con alguien, en todo posible momento sonríe. Es gratis y es contagiosísimo. Imaginen que fácil sería todo si todos sonriéramos un poco más todos los días.
  8. Cuando aprendas algo nuevo compártelo.Al compartir tu nuevo conocimiento no solo transmites información, sino también herramientas que, a quienes las estás compartiendo, en un futuro seguramente les servirán. Además como dicen: “Solo enseñando es cuando realmente aprendes”.
  9. Cuando estés con alguien, estalo de verdad.
    Esta es una importantísima lección que me ha dado mi esposa y que estoy haciendo mi mejor esfuerzo para practicar día con día. Nuestro tiempo realmente es lo más preciado que podemos regalar y más cuando en verdad dedicamos ese tiempo sin distracciones, sino 200% dedicados esa persona. Así que cierren laptops, apaguen televisores y radios, dejen de pensar en que van a cenar en la noche o que van a vestir mañana y háganle caso total a la persona con quien están. Dedíquenle su tiempo de verdad.
  10. Aprende a aprender. Es un hecho, no sabemos todo, de hecho sabemos mucho menos de lo que creemos, aún cuando queramos aparentar lo contrario.Tengamos la humildad de reconocer cuando no sepamos algo y con sencillez levantemos la mano para pedir que nos enseñen y cuando nuestro maestro esté ahí para compartir su conocimiento, apliquemos el punto 9 y estemos con el de verdad.

Les propongo algo: ¿por qué no hacen una lista de que acciones pueden hacer esta semana para agregar valor en lo que hacen y a quienes los rodean, y nos lo comparten con sus comentarios en este Blog?

domingo, 29 de abril de 2007

Para brillar se necesita tener foco.

En las últimas semanas la cantidad de trabajo ha prácticamente rebasado la capacidad física del equipo de trabajo en el que laboro y la mía también. No por falta de conocimiento, experiencia o destreza, pues, en definitiva, tengo la fortuna de formar parte de un gran grupo (en espíritu, no en tamaño) de gente muy talentosa.

Creo que lo que ha sucedido es que hemos tratado de abarcar mucho terreno, intentando producir excelentes resultados para diferentes personas y así brillar ante todos los que, por alguna razón, requieren de nuestra involucración.

Y brillar hemos logrado. Solo que no para todos al mismo tiempo o en la misma intensidad.

Pero ¿Por qué pasa esto, qué nos ha ocurrido?

Pienso que nos hemos convertido en una especie de serie de luces de árbol de navidad.

Prácticamente nos puedo ver, tal como si fuéramos una pequeña chispa eléctrica que tiene que correr de un pequeño foco a otro a lo largo de la serie tratando de iluminar tramo a tramo un enorme árbol navideño.
Y así como una serie de luces va parpadeando de foco en foco, nosotros vamos brincando de proyecto en proyecto, yendo y viniendo, saliendo y regresando tratando de mantener el brillo en todo lo que hacemos.

Algunos han decidido
, talvez apresuradamente, absorber responsabilidades adicionales a las muchas que ya tenían, lo que en lugar de permitirles crecer su círculo de influencia y contribuir de mejor manera con la organización, crece su círculo de preocupación, pues ahora en lugar de tener que iluminar a 40 bombillas de luz, tienen que hacerlo para 80, lo que resulta en definitiva, en un alumbrado mucho más tenue que antes.

Entre más lo pienso, más me convenzo de que lo que necesitamos hacer es tener FOCO.

No quiero decir con esto que debamos encerrarnos en nuestra pequeña parcela de obligaciones y demos la espalda a otras necesidades del grupo. Por el contrario, creo firmemente que si cada uno de nosotros mantenemos un claro y firme enfoque en cumplir y desarrollar nuestro círculo de influencia vamos a contribuir mucho más al brillo total de ese gran árbol de navidad que llamamos empresa.

Necesitamos ser claros con nosotros mismos e identificar cuales son nuestras grandes fortalezas, que es eso que sabemos hacer muy bien y decidirnos a entregarnos al 100% a esa labor y así aportar a nuestro equipo, en lugar de querer abarcar más “luces” en la serie para tratar de lucir más ante los demás, pues de esa forma ponemos en riesgo iluminar tan solo a medias o peor aún fundir alguna bombilla y, recuerden que es lo que usualmente pasa cuando un solo fusible deja de funcionar…la serie completa comienza a fallar, a veces hasta dejar de brillar por completo.

Así que pongo esta idea sobre la mesa: tengamos muy claro como es la mejor forma con la que podemos contribuir, identifiquemos muy bien nuestras fortalezas y nuestras oportunidades; marquemos perfectamente cual es nuestro círculo de influencia y dejemos que los demás hagan lo mismo.

Ese es el verdadero trabajo en equipo, donde cada quien aporta con su labor enfocada y clara a un objetivo en común: que ese enorme árbol brille en su totalidad.

domingo, 22 de abril de 2007

Si tan solo Donald fuera como un buen jardinero.


¿Alguna vez les he contado sobre mi teoría de que a todos, a unos más que a otros, nos ataca el Síndrome del Pato Donald (SPD) en algún, o posiblemente muchos, momentos de nuestras vidas?

Sucede que a todos, después de ir acumulando estrés, malas noticias, enojos, berrinches, frustraciones, pláticas y pensamientos negativos, en fin mala vibra en general, quedamos tan llenos de energía negativa que cualquier cosa es suficiente para hacernos explotar en un ataque de ira que no hace más que empeorar nuestra situación y que termina por convertirnos en un Pato Donald enojado y víctima de su propio coraje.
¿O no? ¡Vamos! Recuerden como se ponía Donald cuando trataba de abrir su silla plegable en la playa y esta no cedía, provocando que el famoso pato de traje del marinero fuera enojándose más y más, golpeando y gritando hasta terminar atrapado dentro de la misma silla.

Bueno pues ese es justo el SPD o Síndrome del Pato Donald.
Este se da precisamente cuando llegamos al punto de no regreso y perdemos el control y como dicen por ahí “Escupimos al cielo” y por supuesto, como todo lo que sube, tiene que bajar, ese escupitajo solo nos salpica de regreso a nosotros mismos.

Ahora ¿cómo es que llegamos hasta el punto adquirir el SPD? No es difícil imaginárselo…vivimos en una época donde el estrés es parte de la cotidianidad en nuestras vidas: cuentas por pagar, problemas por resolver, proyectos por entregar, familia que cuidar, hijos que educar, compromisos que cumplir, en fin todo una carga de factores que no podemos ignorar ni evitar y que sea como sea, tenemos que cumplir.
Pero a los que además, sin darnos cuenta, sumamos otros que sí podemos cambiar:

Y es que usualmente empezamos nuestros días siempre corriendo, al despertar, lo primero que hacemos es quejarnos de la hora tan temprana en que tenemos que levantarnos, si somos considerados y compartimos habitación con alguien, salimos de ella y sino encendemos la televisión o la radio para “escuchar” las noticias del día y así contaminar nuestra mañana con las últimas notas sobre la violencia que hay en el mundo, los asaltos, las guerras, etc.. Salimos camino al trabajo y vamos peleando con el conductor del auto de enfrente solo porque a él le toco estar frente a nosotros en esa larga fila de coches estacionados, que llamamos periférico…o viaducto…o cual sea la avenida que mas usen por las mañanas.

Llegamos a la oficina, recibimos la llamada de algún cliente enojado o peor aún la llamada la recibió nuestro jefe y él ahora es quien esta enojado, algún proveedor no cumple con su compromiso, en una junta de trabajo tenemos un fuerte desacuerdo con alguien más. A la hora de la comida el mesero tarda en traer la cuenta y regresamos tarde al trabajo, regresamos al final de la tarde a casa para, después de volver a lidiar con todos esos automovilistas a quienes insolentemente se les ocurrió también regresar a sus hogares a la misma hora que nosotros, encontrarnos con que la puerta del estacionamiento no funciona bien o que un vecino se estacionó mal impidiéndonos guardar nuestro auto en su lugar.

Entramos a casa, estamos bloqueados, irascibles e iracundos, solo pensando en querer ver la televisión y no hablar de nada con nadie…entonces discutimos con nuestros familiares porque ellos con la mejor de las intenciones nos reciben con los brazo abiertos, pero como nosotros venimos con una inercia negativa equivalente a una onda expansiva nuclear, los hacemos a un lado, nos postramos en nuestro sillón acostumbrado, prendemos la caja idiota y… ¿qué hacemos? Sintonizar una serie de televisión llena de violencia, muerte y vicios.
Nuestra pareja nos interrumpe, pregunta algo o nos dice algo que no nos parece y ENTONCES!!!!!!...

¡FELICIDADES! Lo has logrado, has adquirido SPD.

Tanto que ya solo te falta la cola de pato y sombrero de marino porque estás tan enojado que el pico naranja lo tienes ya!

Las consecuencias… esas creo que no las tengo que contar.

Así que mejor me dedicaré a platicar sobre como podemos evitar contagiarnos de SPD.

Y para eso debo hacer referencia una vez más a una de las lecciones de ese gran mentor, autor de “El monje que vendió su Ferrari”, Robin S. Sharma quien, precisamente en dicho libro compara a la mente humana con un jardín, explicando que: “Si tu procuras tu mente, la nutres y la cultivas, esta, tal como un rico y fértil jardín florecerá más allá de lo que puedas imaginarte” .

Él continua con su analogía detallando que justo como un jardinero cuida cual soldado, que en su parterre no entre ni el más mínimo rastro de contaminación, de la misma manera deberíamos nosotros procurar esto con nuestra mente.

Sin embargo es penoso ver la cantidad de basura que la mayoría de nosotros dejamos entrar a nuestra cabeza día con día. Las preocupaciones, la ansiedad, el lamentarse por el pasado o angustiarse por el futuro y todos aquellos miedos creados por uno mismo, las pláticas y medios a los que nos exponemos, provocan una catástrofe dentro de nosotros mismos.
“La preocupación drena a nuestra mente de todo su poder y tarde o temprano, lastima incluso hasta nuestro espíritu”.

Para vivir la vida en todo su esplendor, debes de montar una estricta guardia a la entrada de tu jardín y solo dejar entrar a la mejor información y al mensaje de mayor calidad. No podemos darnos el lujo de tener ni un solo pensamiento negativo.

Explica Sharma que la gente más alegre, dinámica y satisfecha en el mundo es aquella que hace algo más que solo existir. Son esas personas que creen en su potencial humano y realmente saborean la vida, pero que sobre todo, adoptan un paradigma positivo sobre su mundo y todo lo que en el existe.

¿Sabían que en un día normal la persona promedio crea alrededor de seis mil pensamientos, y que el 90% de esos pensamientos son los mismo que los del día anterior?

Por lo tanto, sugiero que nos aseguremos de que esos pensamientos sean siempre positivos, pues como explica Stephen Covey: “Todo lo que hacemos y tenemos en la vida existe dos veces, primero cuando la piensas y después cuando lo hacemos realidad”
Razón suficiente para querer que lo que creemos sea siempre positivo ¿no lo creen?

Volvemos entonces al tema de la oportunidad de escoger:
No importa lo que esté pasando en nuestra vida, tenemos el derecho a siempre escoger como queremos responder. Y tenemos el derecho de elegir a que estímulos queremos exponer a nuestra mente y sobre todo a pensar siempre positivamente para sentirnos siempre bien.
Tenemos derecho a ser el jardinero de nuestra mente y a con nuestra actitud positiva, crear pensamientos positivos que solo podrán crear situaciones positivas a nuestro alrededor.

Hhmm, pensándolo bien, no estaría mal que en Disney hicieran una caricatura de Donald como jardinero. ¿no creen?

Nota importante.

Los comentarios, reflexiones y recomendaciones aquí plasmadas son mi opinión personal, y no necesariamente reflejan la opinión de mi empleador.